El ÁGUILA ENTRE LOS PATOS
Tiago 1.9-11
Introducción
Se cuenta la historia de unos jóvenes, hijos de una familia agrícola, que un día
hicieron una excursión al campo. Al subir una pequeña montaña, encontraron el
nido de una águila, y al lado del nido, el cuerpo inerte de la madre. El astil
de una saeta que sobresalía del costado del ave daba testimonio mudo de lo
sucedido.
Dentro del nido se veía un huevo. Pensaron los adolescentes, ¿Por qué no lo
llevamos a casa? De alguna manera podemos hacer que nazca, y tendremos una
mascota muy especial.
Se llevaron el huevo, y al llegar a la casa, les pareció bien colocarlo en el
nido de una pata para que ella lo incubara. El plan funcionó; después de su
tiempo de incubación, el águila salió del cascarón. Junto con los patitos que
eran sus compañeros de nido, aprendió de la pata a buscar gusanos en el suelo.
El aprender a nadar no fue un éxito, pero la pequeña águila se conformaba con
dar chapuzones en el agua a la orilla del lago.
Aprendió a graznar, aprendió a nanear como los patos, pero nunca aprendió a
volar. Los patos no volaban; y él, creyéndose uno de ellos, nunca lo intentó. Un
día, llegó a la laguna una ave que la pequeña águila jamás había visto antes.
Era majestuosa, imponente, y llegó volando sobre un inmenso par de alas
poderosas. Era otra águila.
El visitante lo saludó, y luego le dijo: ¿Qué hace una águila como tú aquí entre
estos patos? ¿Por qué no vuelas a otro lado con tus alas? La pequeña águila
exclamó: ¡No te burles de mí! Ojalá pudiera volar como tú. Pero no puedo; soy
pato, y los patos no podemos volar.
El águila visitante insistió, pero era imposible convencer al otro de que podía
volar. Insistía en que era pato. Finalmente, frustrado, se fue; y mientras
ascendía a las alturas, la otra águila volvió a buscar gusanos en el suelo.
Desgraciadamente, hay muchos cristianos que viven como esa águila. Se creen
patos, porque el mundo que los rodea así les ha enseñado; y nunca se dan cuenta
del gran destino que es suyo. Si queremos superar la mediocridad de este mundo y
vivir con éxito, debemos de hallar la perspectiva de Dios sobre nuestra persona
en vez de aceptar el valor que el mundo nos impone.
Veamos lo que Dios nos dice acerca de esto en su Palabra.
Lectura: Santiago 1:9-11
1:9 El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación;
1:10 pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la
hierba.
1:11 Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor
se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en
todas sus empresas.
Estos versículos dan la perspectiva de Dios sobre nuestra existencia aquí en el
mundo, y nos enseñan a vernos como las águilas que somos, en vez de escuchar los
graznidos de un mundo lleno de patos.
El problema es simplemente que los que no han aprendido a ver las cosas como
Dios las ve buscan su significado en las cosas equivocadas. En otras palabras,
se sienten orgullosos de cosas inconsecuentes.
El mundo está lleno de patos, diciéndose ¿No te gusta mi nuevo arreglo de
plumas? y ¿Te fijaste en lo bien que nado ahora? Pero tú, si eres hijo de Dios,
no eres pato; eres águila. Tú puedes volar.
En las instrucciones que Santiago da a dos grupos de hermanos en Cristo, podemos
ver la aplicación de este principio. El mundo pone mucho énfasis en la riqueza.
Se juzga el valor de la persona en base a lo que posee. Frente a esto, tenemos
que ver la siguiente realidad:
I. Cuando el mundo te desprecia, recuerda que Dios te aprecia
En las palabras que él dirige a la persona pobre, Santiago da estas
instrucciones: El hermano de condición humilde debe sentirse orgulloso de su
alta dignidad. En otras palabras, cuando el mundo te mira con desprecio porque
no eres rico, o porque no perteneces a la crema y nata de la sociedad, recuerda
que tienes de qué sentirte orgulloso.
Pero, ¿qué es eso? ¿Qué razón tenemos de sentirnos orgullosos? Ante Dios, por
supuesto, no tenemos ninguna razón; pero ante el desprecio del mundo tenemos
buena razón. La razón es simplemente ésta: que Dios nos ama y nos ha llamado a
un gran destino.
El autor C. S. Lewis dijo en alguna ocasión que si pudiéramos ver a las personas
que pasamos cada día en la calle como ellos algún día serán, tendríamos deseos
de postrarnos a sus pies en reverencia, o huir espantados. Cada uno de nosotros
tiene el destino eterno de ser increíblemente glorioso o espantosamente vil.
Todo depende de nuestra respuesta a Cristo.
Si tú oyes esto y no eres creyente, no pienses que los cristianos nos creemos
mejores. No tenemos nada que no hayamos recibido como un libre regalo de Dios.
Es más, tú también puedes tener lo que nosotros tenemos. Dios da su salvación
libremente a cualquiera que se arrepiente y confía en Cristo Jesús.
Todo ser humano tiene un valor básico por ser hecho a la imagen de Dios. Todo
cristiano tiene un honor adicional, pues es hijo de Dios y vivirá por siempre
con él.
Así que, si tú eres un creyente de condición humilde, no creas las cosas que el
mundo te dice acerca de tu valor. Ellos no saben lo que es realmente importante.
Dios mira detrás de las apariencias, y él sabe lo que realmente vales. Puedes
sentirte orgulloso de tu alto valor. No tienes que tratar de ser rico o popular.
Ya tienes un valor que sobrepasa cualquier cosa material.
Pero quizás algunos de nosotros nos sentimos cómodos en el mundo. Hemos llegado
a alguna posición, tenemos cierto dinero, y las cosas marchan bien. ¿Qué nos
dice este pasaje?
II. Cuando el mundo te aprecia, recuerda que Dios lo desprecia
En otras palabras, lo que el mundo valora es pasajero; no empieces a creer
lo que el mundo te dice. Por eso dice que el rico debe sentirse orgulloso de su
humilde condición. Ahora, antes de aplicar este pasaje a nuestras vidas, tenemos
que tratar de entenderlo bien.
Una duda que surge cuando miramos el pasaje es ésta: ¿se refiere Santiago a un
hermano rico, o simplemente al rico en general? Aunque algunos piensan que es la
segunda opción, la manera en que se coordina al hermano humilde con el rico nos
hace pensar que ambos son hermanos.
Lo que esto significa, entonces, es que el creyente que se encuentra en una
posición de comodidad económica, que ha alcanzado cierto nivel social, o que por
cualquier razón es respetado por el mundo, debe de recordar siempre que todas
esas cosas que tiene son pasajeras.
Esa casa tan espléndida que tiene, esos carros tan lujosos, esa ropa de última
moda y todo lo demás son simplemente pétalos de una flor silvestre - bella hoy,
marchita mañana.
Lo que Dios llama al hermano rico a hacer, entonces, es recordar que su valor no
tiene nada que ver con sus negocios, sus pertenencias, o su posición. Todo eso
se desintegrará, toda esa vida se acabará, y sólo quedará lo espiritual. El
hombre rico tiene que recordar que no es más que un hombre, para que pueda
recibir la vida que Dios quiere darle y entender lo que realmente importa.
De otra manera, se encontrará como el emperador de la vieja fábula. ¿Recuerdan
la historia? Llegaron unos sastres inescrupulosos a la corte real, y
convencieron a todos que ellos hacían la ropa más bella y lujosa del mundo.
Finalmente el emperador decidió contratarles para hacerle un traje nuevo.
Tomaron las medidas y empezaron a coser. Pero ¡no se veía nada! Parecía que
estaban cosiendo con tela e hilo invisibles.
La realidad, por supuesto, es que ellos no usaban ningún material. Sin embargo,
fingían con tanto esmero que todos se convencieron de que los demás sí veían las
maravillosas prendas que se estaban produciendo. Finalmente llegó el día de un
gran desfile, y el emperador decidió usar su nuevo traje. Sólo que, por supuesto,
la ropa era inexistente. Fue una gran vergüenza para el emperador.
Así será con el rico que cree que las cosas de este mundo realmente importan. Se
dará cuenta un día que realmente no tiene nada - que está desnudo. Jesús le dijo
a una iglesia de ricos: Te aconsejo que de mí compres ropas blancas para que te
vistas y cubras tu vergonzosa desnudez. (Apocalipsis 3:18) La única cosa que
realmente vale es la salvación que Jesús da.
Quizás tú crees que no corres ese peligro. Ves tu condición económica, y dices:
¡Por lo menos no me tengo que preocupar de eso! Pero la realidad es que no
tenemos que ser millonarios para caer en esta trampa. El momento en que
empezamos a pensar que la vida sería perfecta si solamente tuviéramos más dinero,
el momento en que creemos que un aumento nos va a comprar la felicidad, el
momento en que sentimos que ahora sí tenemos valor porque hemos alcanzado algún
avance profesional - estamos en grave peligro.
El momento en que empezamos a creer que nuestro valor, nuestra felicidad o
nuestra vida dependen de algo en el mundo, empezamos a olvidar la lección del
pobre y nos acercamos a la trampa del rico. Tenemos que recordar siempre que lo
del mundo es pasajero, y sólo lo espiritual es eterno.
Conclusión
Examínate ahora. ¿Cómo estás respondiendo ante los graznidos de los patos de
este mundo? Quizás has creído que no vales nada, porque te has juzgado por las
normas del mundo. ¡No creas esas mentiras! Recuerda el gran valor que tienes
para Dios.
Quizás has empezado a enorgullecerte en lo equivocado. Recuerda que todo eso es
pasajero.
Cualquiera de las dos actitudes - de orgullo equivocado o de subestimar tu
propio valor - te atarán a este mundo y te cortarán las alas. Aprendamos más
bien a ver las cosas con la perspectiva de Dios. Sólo así encontraremos valor y
felicidad que son de verdad y que duran.
Pastor Tony Hancock