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EL DIOS SANADOR
Marcos 1.29-34

Introducción
Jocosamente, algunas personas han preguntado: ¿por qué negó Pedro a Jesús? Y la respuesta, por supuesto, es porque le sanó la suegra. Es un chiste, desde luego; pero la sanidad de la suegra de Pedro tiene mucho que enseñarnos. Hoy leemos esta historia.

Antes de abrir nuestras Biblias, pensemos por un momento en nuestras propias ideas acerca de las sanidades que realizó Jesús. Todos sabemos que El sanó a muchas personas; ¿qué tiene esto que ver con nosotros? ¿Será sólo algo que sucedió en aquel entonces, cuando Jesús andaba sobre la tierra? ¿Será que se llevó su poder sanador al cielo cuando se fue? Esto no puede ser, porque los apóstoles fueron usados para sanar a varias personas después de la ascensión de Jesús.

¿O será, por otra parte, que cualquiera de nosotros puede ser sano cuando quiera? ¿Será que Dios nunca usa la enfermedad en la vida de sus hijos? Esto tampoco concuerda con lo que vemos en la Palabra, pues Pablo sufrió de un aguijón en la carne, y aunque pidió con fe que fuera quitado, Dios se lo dejó. Varios de sus compañeros también se enfermaron, y no fueron milagrosamente sanados.

Esta mañana vamos a considerar el poder de nuestro Dios sanador, y pedirle que nos ayude a comprender cómo su poder sanador puede obrar en tu vida y en la mía.

Lectura: Marcos 1:29-34

Simón Pedro y su esposa habían tomado en serio su responsabilidad de honrar a sus padres, y cuando falleció su suegro, Simón recibió a su suegra en la casa para cuidarla. Sin embargo, ahora se había presentado un problema que él no podía remediar. Su suegra se quemaba de fiebre.

Compasivamente, Jesús la toma de la mano y le ayuda a incorporarse. Con esa acción tierna, Jesús sana a la mujer.

Queda completamente bien; ni siquiera necesita un periodo de recuperación, sino que de inmediato se pone a servir a los que han llegado a su casa.

No sólo ella fue sanada; al atardecer, cuando - según la ley judía - se había acabado el día de reposo, muchas personas más vinieron a Jesús para ser sanadas. El no era especialista en sólo una clase de enfermedad; El sanó a muchas clases de enfermos. Lo hizo porque se compadeció de las personas, pero esta muestra de su poder tiene un significado que va mucho más allá de la compasión. Los milagros de Jesús nos enseñan verdades acerca de nuestro Señor. Para empezar,

I. Jesús sana para mostrar su autoridad divina
Desde mucho antes, Jehová se había revelado a su pueblo como su Sanador. Cuando Dios mandó las plagas sobre los egipcios en preparación para sacar a su pueblo de la esclavitud, le dijo a Moisés lo siguiente: "Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador." (Exodo 15:26)

Dice Dios: "Yo soy Jehová tu sanador". Esta es una de sus cualidades: es un Dios de sanidad. La enfermedad y la muerte entraron al mundo como resultado del pecado; cuando Dios haya terminado de restaurar la creación, en su capital renovada crecerá el árbol de la vida, cuyas hojas son para la sanidad de las naciones. Nuestro Dios es un Dios sanador.

El salmista también lo declara. Leamos el Salmo 103:1-3:

El Señor es digno de ser alabado, porque El sana nuestras dolencias. Esto es lo que el Señor le había revelado a su pueblo acerca de su propia naturaleza. Esto es lo que sabían los judíos acerca de Jehová.

Llega entonces Jesús, y hace algo que nadie más ha podido hacer.

Sana por su propia autoridad. No lo hace bajo la autoridad de otro; no tiene que mencionar ningún otro nombre. El mismo lo hace. Sólo queda una conclusión: que el Señor que se había revelado a su pueblo como su Sanador, que recibe alabanza por sanar, ahora había llegado a la tierra en la forma de un hombre.

Jesús sana para demostrar su autoridad divina. En otras palabras, Jesús sanó a la suegra de Pedro y a todas las demás personas que llegaron a verlo en ese día para mostrarnos quién es. Ante El, debemos de doblar la rodilla y reconocer que nuestra sanidad sólo puede venir de El. El es el Rey que viene a sanar a su pueblo. Y así como es el Rey, así también es su reino.

II. Jesús sana para mostrar que el reino se establece
Cuando El envió a setenta y dos de sus seguidores a predicar las buenas nuevas, les dio instrucciones que ilustran el significado de la sanidad. En Lucas 10:9 leemos: "Sanen a los enfermos que encuentren allí y díganles: 'El reino de Dios ya está cerca de ustedes.'"

La sanidad de los enfermos es una señal de la llegada del reino de Dios. El reino de Dios es un reino de sanidad y de restauración; el mundo, que está bajo el poder de Satanás, es un lugar de enfermedad, de corrupción, de dolencia. La verdad de Dios es una verdad sanadora. En cambio, cuando escuchas lãs mentiras de Satanás, terminas enfermándote el corazón.

Cuando Jesús sana a la suegra de Pedro, entonces, El dice: Esta es la clase de reino que establezco. Es un reino de sanidad, de bienestar, de salud. El mundo es un lugar de enfermedad, pero mi reino es muy diferente. Las sanidades demuestran la clase de reino que Jesús establece.

Alguien podría malentender esto y pensar que, si nos hemos integrado al reino de Cristo, si nos hemos arrepentido de nuestros pecados y entrado, por fe, al reino de Dios, ya no nos vamos a enfermar. Podrían pensar que siempre vamos a ser sanados. Si pensamos así, no hemos entendido cómo se establece el reino de Dios.

El reino de Dios ha sido establecido, pero todavía no ha sido consumado. Cristo vino a este mundo para inaugurar el reino, y el reino de Dios está presente entre nosotros; sin embargo, todavía no se establece en plenitud. Eso sucederá cuando Jesús regresa por segunda vez.

Mientras tanto, disfrutamos de las bendiciones del reino, pero no en medida completa. Por ejemplo, aunque Jesús venció la muerte, nosotros tendremos que morir - a menos que El regrese primero. De igual forma, cuando Jesús regrese, ya no habrá enfermedad.

Mientras tanto, mientras vivamos en este mundo caído, la enfermedad sigue siendo parte de nuestra experiencia. Dios sana hoy, así como lo hizo cuando Jesús estuvo en la tierra, pero la sanidad completa nos espera cuando Jesús vuelva. Y sin embargo, aunque no disfrutemos de sanidad completa ahora, nuestra sanidad está asegurada, porque:

III. Jesús sana para demostrar el significado de su muerte
Más de setecientos años antes de que Jesús naciera, Dios ya había anunciado - por medio del profeta Isaías - lo que El haría mediante su muerte. Leamos Isaías 53:5: "El fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados." Dios nos dice: "Gracias a sus heridas fuimos sanados". En otras palabras, no podemos separar el poder sanador de Jesús de su muerte en la cruz. Fue por su muerte que la verdadera sanidad nos llega.

Esa verdadera sanidad, por supuesto, es sanidad del alma y del espíritu. Nos lo enseña 1 Pedro 2:24: "quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados." Los pecados que causan nuestra peor enfermedad - la enfermedad del alma y del corazón - Jesús los llevó a la cruz, para que nosotros pudiéramos ser sanados. Esta es la verdadera sanidad.

Lo triste del caso es que muchas de las personas cuyos cuerpos sanó Jesús nunca llegaron a entender que El realmente había venido a sanar sus almas. Nunca se acercaron a El para recibir de su mano la verdadera sanidad espiritual.

Hoy en día, veo muchas personas que cometen el mismo error.

Buscan de Jesús sólo la sanidad de sus cuerpos, de sus malestares físicos, y no reconocen que su verdadero problema es mucho más profundo. Como dijo Jesús, es mucho mejor entrar a la vida manco o cojo que entrar entero al infierno.

Aun en la vida del apóstol Pablo, Dios usó el sufrimiento físico para su preparación espiritual. Leamos lo que él dice en 2 Corintios 12:7-9:

No sabemos cuál fue su aguijón en la carne; muy posiblemente algún problema de los ojos, pero la Biblia no lo identifica. De esta manera, cada uno de nosotros también puede comprender que, cuando Dios no nos sana ahora, es porque El desea usar el sufrimiento físico para la sanidad de nuestro corazón.

Una de las ironías más grandes de nuestra fe es que la muerte fue vencida por alguien que murió. De igual manera, la sanidad puede venir a través de la enfermedad. El bienestar puede llegar a través del sufrimiento. Mientras estemos aquí en este valle de sombras, la sanidad viene - pero no será completa hasta que
lleguemos al cielo.

Conclusión
Dios quiere sanarte hoy. Quiere sanarte de tus congojas, de tu culpabilidad, de los recuerdos que arrastras del pasado y que te estorban para realizar tu pleno potencial en Cristo. Aun puede sanar tus enfermedades físicas, aunque quizás te responda como lo hizo con Pablo; El te invita a orar y confiar para esto también.

Si tú has decidido seguir a Cristo, estás en un proceso de sanidad y restauración de lo que Satanás te ha robado. Te invito ahora, ante el Señor, a venir a la cruz y permitir que la sangre de Cristo te limpie, te purifique y te sane. Mira la cruz y al Salvador que allí fue por ti, y permite que su presencia llene tu ser con su poder sanador.



Tony Hancock