TU LUGAR EN EL COSMOS
Efesios 1:11-14
Introducción
Con el avance de la edad, vienen ciertos cambios en la función cerebral. Como
jóvenes, hacemos todo de una manera muy intencional. Cuando llega la vejez, por
el otro lado, empezamos a olvidar las cosas. No es raro entrar a un cuarto y
pensar, ¿por qué estoy aquí? Quizás han tenido la experiencia de entrar en un
cuarto y olvidar la razón que los llevó allí. ¡A mí me ha sucedido muchas veces!
Puede suceder lo mismo en la vida cristiana - y en la vida en general. Muchas
personas se están preguntando, ¿por qué estoy aquí? No conocen la razón por la
cual están en el mundo.
Vamos a ser honestos: ¿cuántos vivimos de día en día con una conciencia real de
nuestra razón de vivir? ¿No es fácil olvidarlo, y empezar a sentirnos agobiados,
porque nos falta ya un sentido de misión, de propósito en la vida?
Más allá de terminar de lavar la ropa, de mantener contento al patrón, de
mantener a la familia en México, Dios tiene un propósito para nosotros. Él tiene
un propósito que incluye todo el universo, y los que somos creyentes en Cristo
estamos al medio de ese proyecto.
Dios tiene un plan cósmico, y por medio del Espíritu Santo sabemos que somos
parte de él.
Lectura: Efesios 1:11-14
1:11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al
propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 1:12 a
fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente
esperábamos en Cristo. 1:13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de
verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis
sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 1:14 que es las arras de nuestra
herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su
gloria.
Vamos a ver algo acerca del plan cósmico de Dios, y luego hablaremos de la obra
del Espíritu Santo en nosotros.
I. Dios tiene un plan cósmico
Podemos ver este plan desde dos ángulos: lo que significa para nosotros, y
su propósito final.
A. En Cristo, llegamos a ser herederos (11)
Antes de ser creyentes, ¿qué teníamos? La mayoría no teníamos nada - y aunque
disfrutáramos de la riqueza del mundo, espiritualmente éramos pobres. No
teníamos futuro ni esperanza más allá de este mundo. No teníamos seguridad que
trascendiera lo que es el esfuerzo humano.
Sólo podíamos confiar en nosotros mismos, en el gobierno, en nuestra familia -
pero no había nada más allá de eso Pero cuando recibimos a Cristo, lo tenemos
todo. Tenemos algo de valor eterno, y esas son las promesas de Dios.
Tenemos la seguridad de que él esta con nosotros, que es nuestro Padre, que nos
promete un futuro glorioso, y que tendremos una parte en el futuro de la
creación.
Un hombre llamado Betancourt fue uno de los trabajadores en la rebelión que
instaló a Fidel Castro como dictador de Cuba. Betancourt cooperó porque quería
ver derrumbada la anterior dictadura de Batista. Sin embargo, cuando se hizo muy
obvio que Castro se iba a hacer dictador, Betancourt se retiró de la
administración. Al principio, el apoyó el cambio porque pensó tener una buena
posición dentro de ella; pero esto no es lo que sucedió.
Nosotros estamos en una situación similar. Estamos apoyando una insurrección
contra el rey de este mundo, Satanás. Vivimos para ver el establecimiento de un
gobierno justo bajo el Rey, Jesús. A diferencia del Sr.
Betancourt, nosotros podemos estar seguros de tener un buen lugar dentro del
nuevo régimen. Cuando regrese Cristo para establecer su reino, nosotros seremos
galardonados por nuestra fidelidad, y recibiremos la herencia que nos espera en
el cielo. Esto es lo que vemos al ver hacia el final del plan de Dios para
nosotros, y nos inspira a vivir aquí y ahora para él.
Pero lo podemos ver desde la perspectiva divina también:
B. En nosotros, Dios obra para su gloria (12)
El propósito de todo esto es que Dios sea glorificado.
Él no está afuera de la historia, ansiosamente esperando para ver si todo sale
bien; él tiene un plan perfecto que lo envuelve todo. ¡Nada sucede fuera de la
voluntad de Dios! Hay cosas que pasan que no se conforman a sus deseos, pero él
los permite para realizar algo más grande. Sin el pecado, no reluciría la gracia
de Dios hacia nosotros.
Vemos un momento culminante de este plan en la muerte de Jesús. Hechos 4:27-28:
4:27 Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús,
a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de
Israel, 4:28 para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que
sucediera.
Su muerte no fue un accidente cruel de la historia, sino la realización del plan
perfecto de Dios para nuestra salvación.
Toda la historia, y toda nuestra vida, es parte del plan de Dios para que él sea
glorificado. La alabanza de la gloria de Dios es la razón de nuestra existencia
como cristianos. Cuando los ángeles, cuando las demás personas ven la gracia que
Dios ha derramado sobre nosotros, tendrán que reconocer que sólo él en todo el
universo se merece la adoración.
Nosotros, entonces, glorificamos a Dios cuando vivimos en su gracia. Cuando
mostramos con nuestras vidas que él nos está cambiando. Cuando hacemos visible a
los demás lo que significa ser parte de esta humanidad redimida. Y ¡ese es el
propósito de nuestra vida! Es en eso que vamos a encontrar satisfacción,
propósito, y realidad.
Dime: ¿es alabado Dios a través de tu vida? ¿Qué tendría que cambiar para que él
recibiera la gloria de los que tu eres y haces? ¿Qué cosas ven los demás en tu
vida que no glorifican a Dios? Nosotros también somos responsables de glorificar
a Dios en respuesta a la gracia que él nos ha dado. Y él nos ha dado el poder
para hacerlo, como también la promesa de esa gloria futura:
II. Dios nos ha sellado con su Espíritu
Es natural que nos hagamos la pregunta: ¿cómo sé que soy parte de este plan
cósmico de Dios? ¿Cómo puedo saber que tengo este glorioso futuro?
La respuesta es la obra del Espíritu Santo.
A. El Espíritu Santo nos sella como posesión de Dios (13)
En el mundo antiguo, el sello servía la función de identificar a alguien
como dueño de cierto objeto. Dios pone un sello sobre cada creyente, que es el
Espíritu Santo. Es de esa manera que queda claro a quién pertenecemos.
En el libro de Apocalipsis, vemos que todos son sellados con el número místico
666, en el frente o la mano. Esto representa la posesión satánica de estas
personas, que se han vendido al sistema mundano. Sabemos que Satanás no inventa
nada, sino que sólo tuerce y destruye; y este sello es simplemente una pobre
imitación del sello que Dios ha puesto sobre todo creyente. Es un sello
invisible, pero no menos real; un sello que nos identifica como posesión suya.
¿Cuándo fuimos sellados? Nos dice claramente que sucedió en el momento de oír el
mensaje y creerlo. Cuando nosotros creemos que Cristo murió para salvarnos,
cuando depositamos en él toda nuestra fe y confianza, cuando empezamos una
relación personal con él porque creemos el mensaje que oímos, en ese momento
somos sellados con la presencia del Espíritu Santo. Ya es obvio a quien
pertenecemos.
Y ese sello es algo más:
B. El Espíritu Santo garantiza nuestra futura redención (14)
Todavía no hemos visto todo lo que hemos de recibir. Sí, la vida cristiana
es de gran bendición, pero - como dice Pablo - si nuestra fe es sólo para esta
vida, somo los más desdichados de los hombres. La garantía que tenemos de que
nos espera algo más es la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.
Pero, quizás te preguntarás: ¿cómo sé que tengo al Espíritu Santo? ¿Tengo que
hablar en lenguas, como los apóstoles en el Día de Pentecostés?
El Espíritu Santo hace muchas cosas en nosotros, pero veremos dos: Juan 16:8 ("Y
cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.") -
convencer del pecado. Si tú llegaste a un momento en el que te sentías
convencido de tu pecado, a tal punto que te arrepentiste de él, esto es muestra
de la obra del Espíritu Santo. Es él quien nos lleva hasta ese punto.
El arrepentimiento humano siempre tiene que ver con el miedo, con el hecho de
que fuimos descubiertos, etc. El verdadero arrepentimiento es obra del Espíritu
Santo.
Juan 6:63 ("El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las
palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.") - el Espíritu Santo nos
da vida por medio de la Palabra. Si tú, al oír el mensaje del evangelio y la
verdad de la Palabra de Dios, llegaste a un punto donde esas palabras fueron más
que información, donde cobraron vida para ti, y llegaste a ver que sólo en ellas
tenías esperanza, esto también es obra del Espíritu Santo.
Y si no has conocido esa experiencia - quizás pensaste que sí, quizás repetiste
una oración, quizás te bautizaste - pero en realidad nunca llegaste a ese punto
de verdadero arrepentimiento por tus pecados y verdadera fe en Cristo Jesús -
podrías experimentarlo aquí y ahora.
La obra del Espíritu Santo es la garantía para nosotros como creyentes de
nuestro papel en el plan de Dios. Él nos garantiza que nuestro futuro será
glorioso. En el mundo espiritual, es el sello de propiedad.
Conclusión
¿Estás sellado? ¿Has sido transformado por el Espíritu Santo? Si oyes su voz en
esta mañana, llamándote a conocer a Cristo, llamándote al arrepentimiento
verdadero por tus pecados, llamándote a poner toda tu fe en Jesús, no resistas
ese llamado. Acéptalo. Tú también puedes ser parte del plan cósmico de Dios.
Puedes ser parte de su pueblo. Puedes pertenecerle, y saber que tu futuro está
asegurado.
Tony Hancock, pastortony@iglesiatriunfante.com