A QUIEN ADORAS
Efésios 1.3-10
En cierta ocasión, Henry Ward Beecher, el pastor famoso de una iglesia grande de
antaño, se enfermó. Decidió pedirle a su hermano que supliera por él. Llegaron
muchos a ver al pastor famoso, y se decepcionaron al ver a un Don Nadie. Varios
se pusieron de pie, y empezaron a salir. En eso, el predicador invitado anunció,
Todos los que vinieron a adorar a Henry Ward Beecher en esta mañana pueden salir;
todos los que vinieron a adorar al Señor, quédense.
Quizás no estés aquí en esta mañana porque te fascina la predicación en esta
iglesia. Quiero, sin embargo, hacerte la pregunta: ¿a quién adoras? No sólo aquí,
no sólo cuando estás en la iglesia, sino en cada momento: ¿ante quién te postras
en adoración? ¿quién es el todo de tu vida?
Todos sabemos la respuesta correcta; si fuera cuestión de contestar bien en un
examen, todos sacaríamos 20. Pero no es cuestión de saber; es cuestión de creer
y vivir.
Y lo que veremos hoy es esto: Dios merece toda adoración, pues ha derramado
riquezas espirituales sobre nosotros en Cristo.
Lectura: Efesios 1:3-10
1:3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con
toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4 según nos
escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin
mancha delante de él, 5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados
hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6 para
alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7
en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las
riquezas de su gracia, 8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda
sabiduría e inteligencia, 9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según
su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo, 10 de reunir todas las
cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que
están en los cielos, como las que están en la tierra.
¿Cuál es la bendición más grande de la vida? Tú dirás: mi esposa, mi familia, la
salud... son cosas buenas, pero hay algo mucho más importante. El mundo material
es pasajero - todo lo que es bueno aquí se va a acabar - las bendiciones
espirituales son las que importan. Las bendiciones espirituales son las que
tocan nuestro ser verdadero - nuestro hombre interior, que vivirá por siempre, y
que es nuestra existencia verdadera.
Si no hemos recibido estas bendiciones espirituales, o si no les damos
importancia, es como maquillar a un difunto. Se ve mejor, pero no hemos llegado
a lo verdaderamente importante.
Sólo Dios es capaz de dar vida a ese difunto. Y sólo Dios es capaz de darnos las
bendiciones que nos hacen falta como seres humanos. Es por esto que él se merece
toda nuestra devoción, toda nuestra atención, en fin...toda nuestra adoración.
Vamos a ver, en vista panorámica, lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo.
I. Dios nos escogió de antemano
No fue por accidente que llegamos a oír el mensaje. No fue por casualidad
que llegamos a ser creyentes. Fue por diseño divino.
A. Dios nos escogió para ser santos (v. 4)
¿Qué es un santo? ¿Una imagen de yeso que se venera? ¿Una figura mítica? Un
santo es una persona separada, dedicada, pura y apartada de la maldad.
Dirás, yo no cabo dentro de ese cuadro - lejos de ser santo, soy muy pecador.
Pues, yo también - pero sucede que Dios nos escogió para ser santos en Cristo.
Al unirnos a él en fe, Dios nos mira como si fuéramos santos.
Como un hijo desobediente, que se esconde detrás del consentido de la familia
para escaparse de la furia de su padre - cuando Dios nos mira, si estamos en
Cristo, él ve a su Hijo puro, santo, inmaculado. No nos ve a nosotros,
pecadores, desobedientes, e impuros.
Sin embargo, hay una diferencia importante entre el cuadro que acabamos de
pintar y la realidad espiritual: es el Padre mismo que nos ha dicho, escóndanse
en mi Hijo. No es que haya competencia entre Cristo y Dios Padre, el Padre
queriéndonos castigar y el Hijo tratando de convencerlo.
Dios no sólo nos escogió para ser santos ante él, sino que
B. Dios nos escogió para ser sus hijos (v. 5)
Esto va más allá de lo que nos hubiéramos imaginado, aun en el sueño más
extraordinario. Que el Dios del universo quisiera tenernos a nosotros como hijos,
para vivir siempre con él, para conocerle, para disfrutar de su presencia y de
sus bendiciones - esto es algo increíble, sobrenatural.
Es como si un rey saliera un día de su palacio y viera a un grupo de pilluelos
jugando en la calle - pilluelos malcriados, sucios, que se burlan de él cuando
se acerca - y dijera, Yo quiero que éstos sean mis hijos. ¡Qué increíble!
Pero es la realidad - Dios nos escogió para ser sus hijos.
Antes de la fundación del mundo, antes que pudiéramos hacer algo para ganarnos
su aprobación, él nos había escogido para ser adoptados como sus hijos.
Y cuando consideramos estas verdades, que Dios nos escogió para ser santos y
para ser sus hijos, la única reacción adecuada es la adoración. (v. 6) En el
Amado, en Cristo Jesús, Dios ha derramado sobre nosotros bendiciones
incondicionales, bendiciones inauditas, bendiciones ante las cuales sólo podemos
postrarnos y declarar, no somos dignos. No somos dignos de tal amor. No somos
dignos de tal aceptación. Señor, te adoramos porque nos escogiste antes de la
fundación del mundo.
Y esa elección, esa decisión tomada antes que la primera estrella brillara en el
cielo, se realizó dentro de la historia humana, porque
II. Dios nos liberó al momento preciso
Esta decisión de Dios, esta elección de nosotros, no fue como la decisión de
una mujer que ve un vestido bonito en la ventana de una tienda, y luego va y se
olvida; Dios hizo realidad su decisión al extender su mano para salvarnos. Vemos
aquí dos lados de eso:
A. Dios nos redimió por la sangre de Cristo (v. 7)
Esa decisión divina de hacernos santos y adoptarnos como hijos se realizó a gran
precio. En la cruz, en esos momentos oscuros, sucedió el evento más importante
de toda la historia humana. Tú pensarás que el evento más importante fue quizás
el descubrimiento de América, o el descubrimiento del fuego, o la invención de
la televisión - pero estas cosas carecen de importancia ante ese gran evento.
En ese momento sucedió una gran transacción entre Dios Padre y Dios Hijo. Dios
el Hijo tomó sobre sí, sobre su persona perfecta y pura, todo el pecado, toda la
deshonestidad, todo el cobarde egoísmo de la raza humana, y derramó su sangre en
sacrificio para pagar por nosotros. Dios Padre aceptó este sacrificio, rasgando
el velo del templo para indicar que se había abierto camino a su presencia.
Y si no fuera por ese evento, tú y yo estaríamos perdidos, sin esperanza de
poder alcanzar a Dios, sin posibilidades de recibir su perdón, enfrentando un
futuro miserable.
Pero Dios nos redimió. Él nos dio la cosa que jamás podríamos comprar, el perdón
por medio de su Hijo. Ésta es una gracia pródiga, una gracia que jamás nos
podríamos imaginar.
Y sin embargo, si no nos hubiera dado la manera de apropiar para nosotros mismos
este gran regalo, no nos serviría de nada. Por esto,
B. Dios nos dio sabiduría y entendimiento (v. 8)
Dios también nos ha dado a entender todo lo que tenemos que saber para
beneficiarnos de lo que él ha hecho en Cristo. Toda la sabiduría humana se basa
en lo que el hombre puede descubrir, y puede tener su uso; pero la sabiduría
divina se basa en lo que Dios nos revela, y es de infinito valor.
El mundo nos dice que tenemos que presentar la mejor cara y fingir que estamos
en control; Dios nos dice que es cuando reconocemos nuestra necesidad, nos
humillamos ante él, y nos arrepentimos de verdad que recibimos fuerza. El mundo
nos enseña a no confiar en nadie; Dios nos enseña que es sólo cuando ponemos
toda nuestra confianza en él, por Cristo Jesús, que podemos estar felices.
Y esta Palabra de Dios es un tesoro de sabiduría para la persona que se dispone
a estudiarla. ¿Piensas que la Biblia es aburrida, impracticable, que está pasada
de moda? ¡Estás equivocado! ¿Piensas que el tiempo en su estudio mejor se podría
usar en otras cosas? ¡Estás en gran error!
Es aquí que encontramos la sabiduría para beneficiarnos de lo que Dios ha hecho
por nosotros. Tenemos que conocerlo, y tenemos que aceptarlo. Dios tomó el
tiempo necesario para revelarnos perfectamente su voluntad, revelándose
paulatinamente a través de la historia humana hasta enviarnos la encarnación de
su sabiduría - el Señor Jesús. No importa que tengas una educación universitaria
- si no conoces a Cristo, te falta el conocimiento más importante. Y puedes ser
analfabeto, pero si conoces a Cristo, ya sabes lo que muchos científicos ignoran.
Así que Dios nos ha redimido, y nos ha dado sabiduría y entendimiento. ¡Quién
como el Señor, que ha mirado el estado de su pueblo y nos ha mostrado su bondad!
¿Quién podrá decir, El Señor no es digno de mi alabanza, mi adoración, de toda
mi vida? Señor, te adoramos porque eres nuestro Redentor y nuestra Sabiduría.
Pero no se ha terminado;
III. Dios nos reveló su plan para el futuro
Dios también nos ha dado a conocer un secreto, un "misterio" - algo que no
se había dado a conocer antes, pero que ahora se nos revela: el plan de Dios
para el futuro. Este plan no es detallado, como mapa, sino a grandes rasgos.
A. Es un plan cuyo principio y fin es Cristo (v. 9)
Cristo no entra a este plan de repente. El libro de Hebreos lo llama el
autor de nuestra salvación. Cristo es el hombre ideal, la figura celestial a la
cual todos estamos siendo amoldados.
Cristo es el propósito de la creación. El fin del plan es glorificarle a él, y
por medio de él, a su Padre. Y cuando este plan sea realizado completamente,
Cristo reinará sobre todo.
Es por esto que nuestra salvación nos llega en Cristo. Él es el incomparable
Señor de todo, el Alfa y el Omega, el principio y el fin. El reinará, hasta
derrotar al último enemigo. Porque
B. Es un plan que incluye la reconciliación de todas las cosas (v. 10)
Esta creación fragmentada, que vive en enemistad contra Dios, ha de ser
recogida y reunida en Cristo. Un día, toda guerra, todo pleito, toda enemistad
terminará. En ese día, Cristo será todo y en todo.
Todos los enemigos de Dios habrán sido juzgados, y habrán sido consignados a un
lugar de castigo donde ya no podrán afectar a los suyos. Todos los poderes,
todas las fuerzas malignas habrán sido juzgadas y sentenciadas; y entonces todo
será paz, todo será perfección, y al centro de todo estará Dios, reinando sobre
el pueblo que él rescató y que le sirve diariamente en gozo, en harmonía, en el
deleite perpetuo de su presencia.
¿Cómo sucede? En Cristo. Cristo es el victorioso Rey que ha derrotado al enemigo,
y está estableciendo su reino. Cristo es el poderoso Guerrero. Cristo es el
Mediador perfecto entre Dios y los hombres, el que nos puede traer la paz con
Dios. Un día se cumplirá el tiempo, y el plan de Dios se consumará.
Y me preguntó: ¿Qué otro dios es como éste? ¿A quién más podemos entregarle
nuestras vidas, y todo lo que somos, que sea así? ¡No hay nadie! Y por eso, Dios
se merece toda nuestra adoración.
Conclusión
Hermano, ¿a quién estás adorando en este día? Te invito a adorar conmigo al Dios
de nuestro Señor Jesucristo, el que nos escogió, nos salvó, y nos tiene
guardados para un futuro glorioso. Entrégale todo tu ser. No guardes ninguna
parte.
Dáselo todo a él.
Ese rencor que guardas por algo en el pasado - entrégaselo. Ese pecado favorito
que no has querido renunciar - entrégaselo. Ese egoísmo, esa flojera -
entrégaselos - y póstrate en adoración ante Dios.
Y tú, amigo, ¿por qué no te unes al pueblo de este Dios tan grande? ¿Por qué no
recibes su salvación? Reconoce tu pecado, entrégaselo, pues Jesús murió para
pagar por él, y entrégale tu vida. Lo único que tienes que perder es tu culpa, y
el control de tu vida; tienes todo el cielo para ganar.
Tony Hancock, http://www.iglesiatriunfante.com/sermon