EL GOBIERNO, GLORIFICA A DIOS
1 Pedro 2:13-20
Introducción
Es natural para nosotros desconfiar de la autoridad, suponer que está chueca, y
desobedecer. Desconfianza creada por situaciones que vivimos.
Cuando yo era niño, a un conocido de nuestra familia les sucedió algo insólito.
Manejaba por la carretera cuando unos policías le hicieron señales para que se
orillaran. Cuando se paró, uno de los policías le pidió que saliera del carro
para mostrarle algún problema con los faros del vehículo. Después de hablar un
rato, el policía le dijo que podía seguir transitando, pero que compusiera el
problema cuanto antes. Se despidieron, y nuestro conocido se metió al carro -
para descubrir que había desaparecido el radio.
Mientras él hablaba con uno de los policías, el otro había estado ocupado
quitándole el radio.
Cuando oímos historias como ésta, la reacción natural es despreciar la autoridad,
obedecerla sólo cuando tiene poder para demandar esa obediencia. Esto es lo
natural - el propósito de Dios en salvarnos es precisamente que dejemos de vivir
según nuestra naturaleza humana. Tenemos una fuerte razón para cambiar nuestra
actitud hacia los que tienen jurisdicción sobre nosotros, pues:
Dios es glorificado cuando nos sometemos a la autoridad.
1 Pedro 2:13-20
Hoy vamos a considerar dos clases de obediencia, de sumisión, que Dios pide de
sus hijos.
I. Sumisión a la autoridad del gobierno
Tenemos buena razón para someternos a ella:
A. La autoridad es instituida por Dios
El versículo 13 dice: "por causa del Señor". La autoridad del gobierno deriva de
su establecimiento por Dios
Dice Romanos 13:1: "Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no
hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron
establecidas por él".
¿Por qué estableció Dios la autoridad? Lo hizo para refrenar la maldad y
galardonar el bien, de acuerdo al versículo 14. Sin gobierno, el pecado tiene
rienda suelta para destruir la sociedad. Aun en las sociedades más corruptas, el
gobierno sirve para castigar a los malhechores.
Sin autoridad, ninguna sociedad humana puede funcionar.
Imaginen: viviríamos en casas con seguridad increíble, pero no habría luz ni
agua ni alcantarillado público. Saldríamos en carros blindados, pero no habría
carreteras. Tendríamos que llevar nuestros niños a la escuela, pero no habría
escuelas. El teléfono sería sólo una decoración sin lineas públicamente
controladas.
Así que, la autoridad es algo bueno. Es algo que nos protege, nos permite ser
productivos - es nuestro egoísmo y pecado que nos hacen resistirla.
El pecado es la rebelión, es querer controlarlo todo sin que nadie nos diga qué
hacer. Esto resulta en rebelión contra la autoridad. Dios nos llama a cambiar
nuestra actitud contra la autoridad.
En todas las instituciones de la vida humana, como la familia y la Iglesia, Dios
ha puesto autoridad, la cual merece nuestro respeto.
Por esta razón, el creyente debe proteger su reputación. El verso 15 nos da otra
razón para ser sumisos a la autoridad.
Dios desea que nuestro ejemplo calle las acusaciones de los que no conocen la
verdad.
Aquí, la situación probable era que los cristianos eran falsamente acusados por
sus vecinos: quizás eran acusados de subvertir autoridad del emperador, pues
adoraban a Cristo. Pedro dice: muéstrales con sus vidas que no es verdad, y que
respetan al emperador más que nadie.
Podemos encontrarnos en la misma situación - podrían decir, los hispanos no
respetan las leyes; hay que mostrarles que los hispanos cristianos, por lo
menos, no son así.
La conclusión es que:
B. La autoridad merece nuestra obediencia y respeto
Pero, ¿qué pasa cuando el gobierno no es bueno? ¿Qué pasa cuando van a usar
nuestros impuestos para fines malos?...
El emperador que reinaba cuando Pablo escribió estas palabras fue nada menos que
el famoso Nerón -el mismo que, según la tradición, mató a Pablo y Pedro. Esto
indica que nuestra obediencia no se basa en la integridad -o en la falta de
integridad- del gobierno.
La única excepción es cuando el gobierno nos manda directamente a hacer algo que
es pecado. Entonces, con Pedro y Juan, diremos: "¡Es necesario obedecer a Dios
antes que a los hombres!" (Hechos 5:29)
Pero bajo circunstancias normales, nuestras lealtades a Dios y al gobierno no
están en conflicto. No podemos desobedecer porque es inconveniente, no nos gusta,
nos parece injusto, etc., ni porque los oficiales sean corruptos, o ya tengan
suficiente dinero.
Miremos, entonces, el resumen. De acuerdo a los versos 16 y 17 somos libres en
Cristo, y, como esclavos de Dios, podemos dar a todos el respeto que se merecen.
Sólo Dios merece temor; el gobierno merece respeto, nuestros hermanos en Cristo
merecen nuestro amor.
No despreciemos ni ignoremos la bendición que Dios nos da en forma de la
autoridad, ya que no es una maldición sino una bendición. Tomemos en serio el
deber que tenemos de respetar a las autoridades que Dios ha puesto en su lugar.
II. Sumisión a la autoridad en el trabajo
En contexto original, los criados eran la mayoría de los trabajadores -
recibían pago por sus servicios; aunque legalmente eran propiedad de sus amos,
podemos aplicar estas palabras a la relación actual entre los empleadores y sus
empleados.
Vemos que
A. Dios aprueba el respeto a los jefes (v. 18)
¡El quiere que los respetemos, aunque ellos no nos respeten!
Muchas veces, nuestros jefes no nos valoran como personas, como lo deberían de
hacer; nos critican o se burlan. Cuando no dejamos que estas cosas nos molesten,
mostramos que estamos seguros en Cristo. No es la debilidad de no decir nada por
miedo, o por no querer perder el trabajo, sino la fuerza de poder controlar
nuestros deseos de venganza.
Tenemos el ejemplo de Cristo que, cuando fue insultado e injuriado, no respondió
con amenazas, como bien pudo haber hecho.
Recuerdo que renuncié a mi primer trabajo porque no me gustaba cómo me hablaba
el gerente. Me sentí bien, pero, ¿qué me motivó? Razones egoístas y mi propia
inseguridad.
¿Existen razones para dejar un trabajo? Por supuesto, pero hay que estar seguros
de que no sea por inseguridad, y hay que hacerlo bien.
¡El también quiere que los respetemos, aunque suframos haciendo el bien!
De acuerdo a los versos 19 y 20, si sufrimos como holgazanes, rateros,
mentirosos, ¿qué hay de bueno en eso? Pero, cuando soportamos la injusticia
porque estamos conscientes de la presencia de Dios, es algo digno de encomio
¿Qué significa estar conscientes de la presencia de Dios?
Saber que él ve la situación, que él también conoce la injusticia, y que él
recibe la gloria cuando soportamos el mal por causa suya.
¿Hay situaciones en las cuales debemos de reportar el abuso, dejar algún trabajo,
etc.? Claro que sí - pero en muchos casos, en vez de vengarnos, podemos
glorificar a Dios siendo ejemplos del perdón y la paciencia.
En muchas situaciones nuestro enfoque es egoísta: pensamos en qué es más
práctico para mí, qué me conviene, qué me va a dar más satisfacción.
Aquí, sin embargo, el enfoque está en Dios. La cuestión no es lo que me conviene,
sino lo que va a dar más gloria a Dios, cómo puedo ser ejemplo para los demás,
cuál es la manera en que Cristo actuaría en mi situación.
En efecto, entonces,
B. Nuestros jefes merecen nuestra obediencia y respeto
Esto a veces es difícil. La barrera siempre es nuestro orgullo - no nos gusta
que otra persona nos diga qué hacer. Sin embargo, tenemos que recordar que Dios
ha puesto en lugar la autoridad. El trabajo no es una maldición, es una
bendición; y para que sea más productiva, la dirección es necesaria.
Para resumirlo todo, el verso 17 nos dice: den a todos el respeto debido. Tú
nunca sabes quién te estará observando.
Cuando otros ven tu paciencia, respeto, y sumisión, aunque tú no lo veas, estás
dando gloria a Dios.
Cuando nos encontramos en situaciones en las que nos es difícil obedecer,
tenemos la oportunidad de glorificar a Dios negando nuestros deseos, haciendo
morir nuestro viejo yo, y mirando más allá de nosotros mismos.
Piensa en alguna situación en la que te es difícil someter a la autoridad. ¿Cómo
podrías cambiar tu actitud? ¿Qué podrías hacer de una manera diferente?
Propóntelo esta semana.
Carlos Castillo, http://www.ekklesiaviva.com/columnas/sermon